México cambió mi vida
- Ragazza Viajera
- 28 feb 2022
- 4 Min. de lectura
Actualizado: 26 ene

Era abril del 2011, después de una mala racha, decidí enfocarme en las cosas que eran realmente importantes para mí, cosas que por una razón o por otra había dejado de lado, entonces desempolvé algunos de mis grandes sueños: ir a México y aprender italiano.
Fue así como conocí a mi mejor amigo, un muchacho napolitano, teníamos un intercambio de idiomas, él aprendía español y yo aprendía italiano. Poco a poco nos dimos cuenta de que teníamos mucho en común, y fue justamente animada por él y por la mala racha que había vivido en mi país que, un domingo en la tarde, decidí aplicar a un intercambio estudiantil entre mi universidad y el TEC de Monterrey. No sabía qué sucedería con mi postulación porque la había enviado el último día, y habían pasado muchos meses y yo aún no tenía ninguna respuesta, un poco desanimada, pensé en que era mejor no hacerme ilusiones. Fue en julio del 2011 que me llegó el email de aceptación, y tenía ya una fecha, debía estar en Monterrey el 1 de agosto para empezar clases. Todo pasó tan rápido que sin darme cuenta estaba ya en Monterrey viviendo con una familia maravillosa en una universidad tan grande que tenía lagos y venados corriendo por todas partes. Conocí gente maravillosa de México, claro, pero también de Japón, Alemania, España, Ecuador, Venezuela, Brasil e incluso viví una temporada con una muchacha muy alegre de Nueva Zelanda.

Recuerdo que, aunque estaba viviendo mi sueño de ir a México, además, mucho antes de lo que pensaba o imaginaba, los primeros meses tuve algunos problemas dejando ir aquello que me había hecho tanto daño en mi país. Habían días en los que me encontraba a mí misma llorando por todo lo que había sucedido, hasta que un buen día, de camino a la universidad, me detuve, y pensé para mí misma: “Laíz, a ver, estas aquí en México el lugar donde siempre habías querido estar, en medio de una cultura que siempre habías querido conocer en primera persona, además, solo por un tiempo limitado ¡qué haces llorando y sufriendo por cosas que no puedes cambiar!” y esa fue la última vez que me sabotee a mí misma el presente por andar pensando en el pasado. Debo admitir que aún recurro a ese pensamiento, la luz y fuerza que este me generó muchas veces me sigue iluminando e impulsando aún ahora.
Todos esos meses fueron maravillosos: viajé todo lo que pude y aproveché para tomar cursos de italiano en México, que me daban al menos un nivel inicial en el idioma, y ya eso era bueno para mí. Fue así como pasé 6 meses entre estudios, viajes, salidas con amigos, pasando mucho, mucho calor, porque Monterrey es de verdad sumamente caliente, y la vida tenía preparada para mí aún muchas sorpresas. En noviembre de ese año mi querido amigo napolitano me informó que él también iría a México con un amigo, y que le encantaría por fin conocerme en persona, esa noticia me llenó de tanta alegría y me sorprendía tanto que dos personas de lugares tan distantes como lo son Bolivia e Italia llegaran a conocerse en México. Mi amiga brasilera y yo estábamos convencidas de que era una cosa del destino.

Al terminar mi intercambio no partiría a mi país aún, debía dejar Monterrey, porque mis papás llegarían a la Ciudad de México unas semanas después, así que al terminar la universidad me fui a esta ciudad y viví sola en esa enorme capital por 1 mes, sin duda fue toda una aventura: la Ciudad de México, en aquel entonces, tenía la población de todo mi país entero. En mi ciudad, no tenemos el sistema de Metro, y aunque La Paz es la ciudad más caótica de Bolivia, no era nada comparada con la enorme Ciudad de México. Amé y me enamoré profundamente de esta gigantesca urbe: sus museos, sus calles, su comida, su clima, sus plazas, todo absolutamente todo aquello que veía solo me hacía amarla cada día más. Fue así como llegó diciembre y a unos días de mi regreso a Bolivia recibí la llamada de mi amigo italiano, Sergio, y coordinamos un encuentro justamente la penúltima noche que yo estaría en México. Al verlo todo fue como lo había imaginado, nos sonreímos, abrazamos y besamos como si nos hubiéramos conocido de toda la vida, él me había apoyado mucho durante mis días más oscuros, así que ocupa desde siempre un lugar muy importante en mi corazón y mi vida. Esa noche me presentó a su amigo, otro italiano que fue muy amable, atento y caballeroso conmigo, tiempo después descubriría que lamentablemente no era quien decía ser. Esa noche nos fuimos de fiesta por Coyoacán y al acabar la noche nos despedimos, muy contentos de haber podido encontrarnos. Me encantaría decir que todo quedó ahí, y que fue el simple encuentro de dos personas que el destino había querido que se encontraran, pero no fue así.
Muchas cosas pasaron después de ese viaje, como el inicio de una relación con una persona sumamente narcisista y que me haría mucho daño con los años, un divorcio, varias mudanzas, terapia y un segundo matrimonio. Pero vamos a dejar esas historias para muchos otros artículos.



Comentarios